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Noticia —  25 Mayo 2012

Jóvenes mormones posponen dos años de su vida para servir  misiones.

Santiago — 

Los jóvenes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días posponen dos años de su vida, dejando casa, trabajo estudios y hasta el amor para servir a sus semejantes.

Joel Giraudo, un joven de La Florida, se subió el pasado martes por la mañana al avión que lo llevaría primero a Perú, para desde allí volar a Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aunque la mencionada región del país altiplánico es hermosa y destino turístico de muchas personas, Joel no va allí por descanso o vacaciones, sino para servir como misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Este servicio le tomará dos años de su vida, en los que deberá posponer a su familia, trabajo, estudios y "polola", aunque dice que dejó este último tema arreglado. Lejos de estar preocupado o triste, el día de su partida se le veía feliz, alegre y con ganas de que todo comience.

En Chile quedó su madre Ana María, quien trabaja para el gobierno en un juzgado de familia, y aunque no puede ocultar la pena de ver partir a su hijo, en realidad está contenta porque sabe que su hijo está haciendo lo correcto, que aunque joven, él está tomando decisiones de hombre. Agrega que si hay un lugar donde desea que su hijo esté es sirviendo una misión.

Joel es uno de los más de 55 mil misioneros de la Iglesia que sirven en diferentes partes del mundo y como todos, su deseo es ayudar entre sus semejantes. Como se dijo, servirá por dos años, siete días a la semana y lo hará voluntariamente. También como todos los otros misioneros, se preparó espiritual y temporalmente, ya que, aunque parezca extraño, los misioneros de la Iglesia costean sus propias misiones.

Todos los que han vuelto de servir misiones concuerdan al declarar, que los dos años de la misión han sido de lo mejor de sus vidas y es que, aunque el rigor de la misión es extenuante, el servir a los demás trae aparejada una recompensa que dignifica el alma humana. Mientras predican el Evangelio de Jesucristo conocen a millares de personas, con las que se asocian y llegan a amar. Todos sin distinción aprenden del valor de la persona y sus sentimientos, de la amistad, de la lealtad y el valor. En síntesis, maduran, crecen y experimentan una poderosa transformación que los acerca a la gente y a Dios.

También las mujeres pueden servir como misioneras y aunque su tiempo de servicio es menor (18 meses), durante ese periodo estarán sometidas a las mismas condiciones que los varones. Tal es el caso de Cindy Linco, quien desde el año pasado se encuentra en Argentina sirviendo su misión. Aunque nunca lo tomó como una obligación, ella sintió que debía hacer esto antes de embarcarse en los otros desafíos de la vida como lo son los estudios, el trabajo y el matrimonio. Ella, como todos los que sirven, se siente feliz de hacerlo.

Pero los jóvenes no son los únicos que pueden servir, también los adultos y es así que es común ver parejas sénior de misioneros sirviendo en variadas asignaciones de ayuda a la comunidad. Antes que terminaran sus misiones, tuvimos el privilegio de conocer al matrimonio Cortés, una pareja oriunda de Copiapó. Ella profesora, él Carabinero, ambos jubilados y decidieron que en vez de quedarse en casa a ver pasar los años, servirían en una misión de 18 meses. Fueron enviados a la región de Viña del Mar. Allí cumplieron dos asignaciones, a saber, predicar el evangelio como el resto de los misioneros y la otra, dirigir el centro de empleos que la Iglesia mantiene en la ciudad jardín. Al preguntarles sobre cómo les había afectado la misión, señalaron que aprendieron a respetarse y quererse como nunca antes, que desarrollaron paciencia y humildad y aunque fue difícil a veces, siempre se sintieron protegidos por la mano de Dios. En su misión ayudaron a las personas en casi todos los aspectos en que alguien puede ser ayudado. Rescataron el alma de varios al predicarles el evangelio y traerlos al conocimiento de Cristo el Salvador, pero también ayudaron a un número no menor de desempleados a encontrar un trabajo que les devolvió la autoestima y la esperanza en la vida. Ambos declararon que fue un tiempo maravilloso de sus vidas y que estaban felices por haber servido.

En Chile, actualmente sirven aproximadamente unos  1.800 misioneros que provienen de distintas nacionalidades. Entre ellos, elder Christopherson, un joven de California que desde hace un año y medio se encuentra en Chile prestando servicio misional. Se manifiesta agradecido por el privilegio de servir en nuestro país y de ayudar a las demás personas. Sabe que fue la mejor decisión el haber venido y aunque también dejó hogar, padres, amigos, trabajo y estudios para estar aquí, confiesa que no ha sido un gran sacrificio; que lo que ha recibido aquí compensa con creces el esfuerzo.

Tal como elder Christopherson que vino desde los Estados Unidos a nuestro país, también  muchos de los misioneros chilenos son enviados a otros países del mundo, algunos relativamente cerca como Cindy y Joel, otros más lejos y han tenido que ir a Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela, México, Estados Unidos, España, Japón, etcétera.

Luego, al terminar sus misiones, volverán a casa a retomar sus vidas y aunque dos años son dos años, sacan adelante sus estudios, trabajos y posteriormente forman familias. El estudio no es más difícil que antes de salir, ni el trabajo más pesado. Están seguros que el Señor los bendice por haber servido entre sus hijos y eso les da el valor y las fuerzas de seguir adelante.

Ningún misionero escoge el lugar donde es enviado, pero aún antes de saberlo todos declaran: "Doquier que el Señor me mande, iré".

 

Nota sobre la Guía de Estilo: Al publicar noticias o reportajes sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenga a bien utilizar el nombre completo de la Iglesia la primera vez que la mencione. Para más información sobre el uso del nombre de la Iglesia, visite nuestra Guía de Estilo en línea.

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