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Comentario —  11 Julio 2012

La Iglesia y su independencia económica.

Santiago — 

El crecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, desde ser un grupo incipiente de colonizadores americanos  a una religión global que bendice las vidas de millones de personas, es una de las grandes historias de éxito religioso de los siglos XIX y XX.

Desde el inicio, los miembros de la Iglesia demostraron tener una habilidad asombrosa para hacer a un lado las cosas materiales y obtener metas espirituales.  Martín Harris, uno de los primeros miembros de la Iglesia, hipotecó su granja para pagar la publicación del Libro de Mormón.  Abundan otros ejemplos de auto-sacrificio entre los miembros Santos de los Últimos Días.

Expulsados de un lugar a otro  -de Missouri,  Illinois a los extremos lejanos de las fronteras occidentales-  los miembros de la Iglesia varias veces abandonaron sus casas, granjas e industrias artesanales que con tanto amor habían construido.  Para cuando habían hecho su gran caminata atravesando las llanuras americanas hasta las Montañas Rocosas, muchos de ellos ya eran pobres.  Aquellos que llegaron con carromatos fue porque no tenían los recursos para comprar carretas, éste es un testimonio doloroso de ese hecho.

Brigham Young comentó:  que si se le diera a los Santos de los Últimos Días 10 años sin ser molestados en los valles de las Montañas Rocosas, ellos se establecerían como un pueblo independiente.  Pasado el tiempo, la visión de Brigham Young de un pueblo ahorrativo, independiente y espiritual se realizó en gran medida.

Sin embargo, una independencia económica y ser libres de deudas tomaría varias décadas.  Los historiadores ahora señalan la década de 1900 como el tiempo en que la Iglesia finalmente empezó a doblar la esquina y librarse de años de deudas –específicamente haciendo énfasis en un discurso del entonces Presidente de la Iglesia, Lorenzo Snow, en el cual llamó a los Santos de los Últimos Días a renovar su compromiso al Principio de los Diezmos.

Los diezmos son un principio bíblico antiguo que ha sido practicado por muchas iglesias a través de los siglos.  Estudios independientes muestran, sin embargo, que en ninguna otra parte de América es llevado ese principio con tanta fidelidad como entre los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  La gran mayoría de los ingresos usados para administrar la Iglesia viene de los diezmos, no de los negocios ni de las inversiones que tiene.

Los diezmos, por lo tanto, han probado ser una enorme bendición para la Iglesia y sus miembros, junto con los simples pero a la vez sensatos principios económicos tales como evitar deudas, el vivir dentro de sus posibilidades y guardando fondos para cualquier emergencia.

La clave para entender las finanzas de la Iglesia es comprender que son un medio para un fin, ya que permiten a la Iglesia llevar a cabo su misión religiosa por todo el mundo.

¿Posee la Iglesia negocios rentables? Sí.  En los inicios de la historia de la Iglesia mientras se establecía entre las montañas del remoto oeste, algunos de los negocios que tenían eran necesarios por el simple hecho de que no existían en ninguna otra parte de la comunidad.  Gradualmente, al irse desarrollando negocios privados fue disminuyendo la necesidad de los negocios que pertenecían  a la Iglesia, se vendieron los negocios, fueron donados a la comunidad o descontinuados.  Zions Bank y LDS Hospital son ejemplos de esto.

Actualmente, los activos de los negocios de la Iglesia apoyan la misión y principios de la Iglesia sirviendo como fondos de emergencia.  Propiedades  agrícolas que ahora son operadas por empresas rentables pueden convertirse en granjas de bienestar en el evento de una crisis global de alimentos.  Compañías tales como KSL Television y Deseret News proporcionan herramientas de comunicación estratégica de valor.

Los fondos de los diezmos se usan para apoyar cinco áreas claves de actividad:

  • Proporcionar edificios o lugares de adoración a los miembros por todo el mundo.  Tenemos miles de estos edificios y continuamos abriendo más, a veces varios en una semana.
  • Proporcionar programas educativos, incluyendo apoyo para nuestras universidades así como nuestros programas de seminarios e institutos.
  • Para apoyar el programa misional mundial de la Iglesia.
  • Para construir y operar cerca de 140 templos por todo el mundo así como la administración del programa más grande del mundo de historia familiar.
  • Para apoyar los programas de bienestar de la Iglesia así como la ayuda humanitaria que da servicio a las personas en todo el mundo – tanto a los miembros de la Iglesia así como a los que no son miembros.

De tiempo en tiempo, algunas personas incluyendo periodistas, quieren adjudicarle a la Iglesia un valor monetario de la misma manera en que avaluarían los bienes de una corporación comercial.  Tales comparaciones simplemente no funcionan.  Por ejemplo, las sucursales de una corporación o los outlets de comercio minorista tienen que ser justificados financieramente como una fuente de utilidades.  Pero cada vez que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días construye un lugar de adoración, el edificio se convierte en un consumidor de los bienes y obligaciones financieras que tienen que ser cubiertos a través de  donativos de los miembros de todo el mundo.  El mantenimiento y cuidado del edificio, los gastos de energía y el uso del mismo sólo se puede lograr mientras que los fieles miembros de la Iglesia continúen apoyando.

En ocasiones algunos tratan de estimar los ingresos de la Iglesia y determinan cuánto de eso se usa para el cuidado de los pobres y necesitados.  Nuevamente, pocas veces ven el cuadro completo.  Los principios que sirven de base esencial en los esfuerzos de bienestar y humanitarios son servicios cristianos y auto-suficiencia.

Cerca de 30,000 obispos que supervisan sus congregaciones respectivas tienen acceso directo a los fondos de la Iglesia para cuidar de los necesitados, mientras ayudan a los miembros a ser auto-suficientes.

En Welfare Square (la Manzana de Bienestar) en Salt Lake City, en donde la Iglesia enlata productos para sus bodegas de distribución, algunos procesos serían más eficientes si fueran automatizados.  Por el contrario, la Iglesia ha optado por más líneas de producción intensivas de trabajo para proveer oportunidades de servicio y para que los que están recibiendo ayuda de bienestar trabajen por lo que obtienen.  Este no es un patrón de negocios comerciales, sino es el patrón para ayudar a las personas a que se ayuden a sí mismas.  La mira de la Iglesia es ayudar a los individuos a sobreponerse a las barreras temporales mientras que buscan valores espirituales.

Números publicados con respecto a nuestros esfuerzos humanitarios incluyen solo dólares que se han gastado directamente en el servicio humanitario.  La Iglesia absorbe los costos administrativos.  Además, estos números no reflejan los servicios de bienestar y de empleos extensivos que sirven a muchos miles mundialmente.  Tampoco representan las tiendas de segunda de Deseret Industries que proporciona vouchers a otras organizaciones de beneficencia para su propio uso, donativos para despensas de comida, o servicio misional enfocado hacia el servicio humanitario o de bienestar para auxiliar a otras organizaciones de socorro en sus misiones.  Cientos de miles de horas de servicio donado sostienen programas como estos.

La Iglesia existe para mejorar las vidas de las personas por todo el mundo acercándolos a Jesucristo.  Los bienes de la Iglesia son usados para apoyar esa misión.  Se construyen edificios para que los miembros se congreguen para adorar a Dios y para enseñarles el evangelio de Jesucristo.  Se envían misioneros para invitar a las personas a venir a Cristo.  Se utilizan los recursos para proveer alimento y ropa a los necesitados y para capacitar a las personas para que puedan edificarse y lleguen a  ser autosuficientes.  Lo que es importante no es el costo sino el resultado.  Como lo dijo el presidente anterior de la Iglesia, Gordon B. Hinckley: “La única riqueza real de la Iglesia es la fe de sus miembros”.

Aquellos que intentan definir a la Iglesia como una institución dedicada a amasar una fortuna pierden la perspectiva completa: el propósito de la Iglesia es traer a las personas a Cristo y  seguir Su ejemplo levantando las cargas de aquellos que están batallando.  La clave para entender la Iglesia es verla no como una corporación mundial, sino como millones de miembros fieles en miles de congregaciones por todo el mundo  siguiendo a Cristo y  cuidándose entre sí y a sus vecinos.

 

Nota sobre la Guía de Estilo: Al publicar noticias o reportajes sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenga a bien utilizar el nombre completo de la Iglesia la primera vez que la mencione. Para más información sobre el uso del nombre de la Iglesia, visite nuestra Guía de Estilo en línea.